VIRGEN DE LORETO

Advocación de Loreto
Soledad de María
Veneración en Jerez
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LA ADVOCACIÓN DE LORETO

La historia de la Hermandad de Loreto de Jerez va unida a la universal advocación lauretana que tiene como eje el Santuario italiano del mismo nombre en donde se conserva la Santa de Casa de Nazaret lugar en el que vivió la Sagrada Familia.

Del libro “Festividades del año litúrgico” editado por Luis Vives S. A. en 1945 hemos entresacado la parte que dedica a Nuestra Señora de Loreto.

“LA CASA DE LA SAGRADA FAMILIA EN NAZARET

Un canónigo regular, buen poeta del siglo XIII canta así las grandezas de Nazaret: -En esta feliz ciudad vivía la Virgen después de sus desposorios con San José. Aquí recibió del ángel la embajada de nuestra redención. ¡Oh Santa y amable ciudad! ¡Cuán querida eres de Dios y de los hombres!. En ti el Verbo se hizo carne, en ti la Flor, de perfume sin par se abrió en el seno de una Virgen. Por ello, y con razón, su nombre significa flor en la lengua de los libros santos. Aventajas a otras ciudades por un privilegio único e incomparable: en ti el Señor dio principio a la obra de nuestra redención, en ti creció, se alimentó y estuvo sujeto a sus padres, Aquel quien el Padre celestial había sometido todo lo que hay en el cielo y en la tierra-.

Y en verdad, un lugar bendito y venerable entre todos en esta tierra, si los hay, es la humilde casa de la Santísima Virgen en Nazaret, en donde el ángel Gabriel vino a anunciarle que sería la Madre de Dios, permaneciendo Virgen.

En esta bendita morada la reina de los Ángeles rogó y trabajó; en ella pasó Jesús más de veinte años en humildad, en el trabajo y en la oscuridad; aquí la Sagrada Familia fue la admiración de los ángeles durante mucho tiempo, y aquí, sin duda, San José, después de haber cumplido su misión se durmió en el último sueño en los brazos de Jesús y de María.

DESDE LOS APÓSTOLES HASTA LAS CRUZADAS

En esta casa bendita, los apóstoles celebraron los Sagrados Misterios, después de Pentecostés y sus discípulos no cesaron de manifestar su veneración por este Santuario tan querido de piedad.

En el siglo IV, Santa Elena y el emperador Constantino, encerraron la santa Casa en una amplia y hermosa basílica, en donde millares de peregrinos elevaron sus preces, durante siglos. Entre ellos citaremos a San Jerónimo y a Santa Paula.

Desde fines del siglo VII hasta fines del XI, Palestina gimió bajo el yugo de los sarracenos. En ciertas épocas este yugo fue pesadísimo. La basílica de Nazaret fue devastada y saqueada, pero la Santa Casa no fue destruida.

Al llamamiento del Papa, numerosos cristianos se alistaron en la Cruzada para ir a rescatar los Santos Lugares de Jerusalén. Después de peligrosos e inauditos esfuerzos, los cruzados se apoderaron de la Ciudad Santa el año 1099, proclamando por rey a su jefe Godofredo de Bullón. Galilea fue constituida en principado bajo el mando del valiente Tancredo, que hizo restaurar la basílica de Nazaret y reconstruyó las fortificaciones de la ciudad. La Santa Casa vivió los felices días de Constantino y santa Elena: los peregrinos de Occidente acudieron emocionados bendiciendo a Dios que nos dio un Salvador por la Virgen María.

Desgraciadamente, el reino cristiano de Jerusalén, acometido constantemente por los turcos, acabó por sucumbir en la segunda mitad del siguiente siglo. El año 1263, los musulmanes destruyeron la basílica de Nazaret. Este suceso produjo gran dolor en toda la cristiandad El Papa Urbano IV al invitar a San Luis para que organizase una cruzada, hacía resaltar esta nueva profanación de los infieles.

Éstos, sin embargo, no llegaron a destruir la Santa Casa de la Virgen, no por veneración, sino por el provecho que sacarían haciéndose pagar abusivamente el derecho de visita.

El rey San Luis fue en peregrinación a Nazaret al obtener la libertad de su glorioso cautiverio en Egipto. Apenas divisó desde lejos la ciudad de María, descendió del caballo y postrándose en tierra adoró a Dios. Al día siguiente mandó cantar una misa solemne en la Santa Casa donde el Verbo se hizo carne, a la que asistió con devoción admirable.

Pero el santo rey no contaba con la fuerza necesaria para conquistar Palestina.

Las peregrinaciones a los Santos Lugares fueron cada vez más escasas y difíciles.

Entonces, Dios, en su bondad por los fieles y por la gloria de María, ordenó a sus ángeles que transportasen la Santa Casa a país cristiano. Esta casa lindaba con una gruta, la cual ha venido a ser el santuario más venerado de Nazaret.

PRIMERA TRASLACIÓN

En la mañana del 10 de Mayo de 1281, unos leñadores de las Riberas del Adriático quedaron grandemente sorprendidos al encontrar en Raunitza, sobre una colina cubierta de arbolado un pequeño edificio de origen desconocido en un lugar donde la víspera, ni anteriormente, había existido casa o choza alguna. Raunitza está situada en la Dalmacia, entre Tersato y Fíume.

El edificio aparecido era una modesta casita construida con piedras rojizas y cuadradas, colocada sin cimientos en un suelo en el que el día anterior pacían los rebaños. En la parte superior se levantaba la clásica espadaña con dos campanas.

Al entrar en aquella misteriosa morada, los labriegos dálmatas pudieron observar que había servido de capilla. Frente a la puerta de entrada, se levantaba un altarcito de piedra, adosado al muro; rematábalo una cruz oriental, que tenía pintada sobre un lienzo pegado en la madera, la imagen de Cristo crucificado.

Había junto al altar un armarito que contenía sencillos y pobres utensilios caseros. A la izquierda veíase una especie de hogar o chimenea; encima, un nicho artístico y precioso contenía una hermosísima estatua de la Santísima Virgen en pie, sosteniendo al divino Niño Jesús en brazos.

La estatua era de madera de cedro y de tamaño natural, con la frente coronada de perlas y el semblante un poco ennegrecido por el humo de los cirios. La Virgen estaba vestida con un paño de lana roja, que aún se conserva.

A la derecha del altar se abría la estrecha y única ventana. Varias pinturas con motivos de los misterios de Nazaret y algunos adornos decoraban los muros. El techo era de madera, pintado de azul, dividido en cuarteles y sembrado de estrellas doradas.

A la nueva difundida por los leñadores acudió la gente en tropel a Raunitza inquiriendo noticias del suceso, pero nadie podía dárselas.

Empero, Alejandro, párroco de Tersato, estaba a la sazón gravemente enfermo, y postrado en cama supo del feliz suceso. En los largos insomnios de la noche siguiente rezaba desolado por no poder presenciarlo y de repente, el cielo se le muestra propicio y la Santísima Virgen se le aparece rodeada de ángeles y le dice: - Hijo mío, puesto que me han llamado, aquí vengo para socorrerte y decirte lo que tanto deseas. Has de saber que el edificio, es mi casa de Nazaret; en ella se deslizó mi infancia y en ella recibí del arcángel Gabriel la embajada de mi virginidad y divina maternidad, en ella el Verbo se hizo carne. Esta casa amada del cielo y venerada hasta ahora por los verdaderos cristianos, ha querido Dios sustraerla a las profanaciones de los infieles y a ordenado a sus ángeles trasladarla a este país. Y para que tú seas a la vez testigo y propagador de tal prodigio, se te devuelve la salud.

Dichas estas palabras la visión desapareció. El sacerdote se levantó completamente curado y se dirigió a Raunitza. Con voz emocionada anunció a la multitud el milagro de que había sido objeto y dio a conocer el tesoro que el cielo enviaba a Dalmacia.

El entusiasmo del pueblo fue inmenso. Inmediatamente enviaron mensajeros al gobernador de la provincia, Nicolás Frangipani, descendiente de noble familia romana. Estaba ausente y guerreando al lado del emperador Rodolfo de Habsburgo. Apenas tuvo noticia de lo que se trataba pidió permiso para dejar el ejército e ir a Tersato.

Como prudente, sin dejarse llevar por un entusiasmo prematuro, se informó minuciosamente sobre el acontecimiento.

Escogió entre los nobles del país a tres hombres sabios y prudentes y los envió a Nazaret con el párroco Alejandro, con orden de averiguar: 1º, si realmente había desaparecido la casa de María Santísima; 2º Si manos humanas la habían arrancado de su sitio; 3º Si las dimensiones de su base correspondían a las de los muros de la casa trasladada a Tersato; y 4º Si la piedra era de la misma calidad.

Llegados a Nazaret, los comisionados, pudieron comprobar que la casa venerada en Dalmacia era indudablemente la de María y José. Después de haber redactado por escrito su informe, los comisionados regresaron a Dalmacia y lo entregaron a Frangipani bajo juramento.

Desde entonces la Santa Casa fue el centro de numerosas peregrinaciones.

NUEVAS TRASLACIONES

El gozo de los dálmatas no debía de durar más de tres años, pues en la mañana del 10 de diciembre de 1294 los peregrinos advirtieron con dolor que su querido tesoro había desaparecido.

El mismo día en la opuesta ribera del Adriático y en Recanati de Italia, unos pastores y campesinos descubrieron los primeros la milagrosa casa en un bosque de laureles perteneciente a una rica y piadosa señora llamada Laureta; del bosque de laureles o del nombre de esta señora se derivó el nombre de Loreto.

Pablo de Selva, escritor de la época, en carta al rey de Nápoles, afirma que se vio la Santa Casa surcar los aires resplandecientes de luz. Las gentes acudieron pronto al piadoso santuario. Pero el demonio nunca duerme y los hombres abusan de todo; unos malhechores emboscados en los montes vecinos asaltaban a los peregrinos y los desvalijaban.

Ocho meses después la Santa Casa abandonó la colina profanada y fue a ponerse en un campo perteneciente a dos hermanos, que por su codicia en enriquecerse con los donativos de los peregrinos, se hicieron indignos de poseer tal tesoro, trasladándola los ángeles a poca distancia de allí, en el camino que conduce al puerto de Recaneti.

Estas cuatro traslaciones hacen el milagro más patente y nadie puede razonablemente ponerlo en tela de juicio; mostrándonos, además, el respeto que merece la Casa de María. Los arquitectos no han podido explicar cómo podía mantenerse en pie esta construcción, sin cimientos y sobre el suelo polvoriento del camino. Por temor a que se hundiera se la rodeó de sólidas murallas, pero por singular prodigio, una vez terminadas se separaban de tal modo de las paredes de la Santa Casa que, un niño podía pasar entre los dos muros con una luz en la mano.

Investigaciones muy formales y particularmente las ordenadas del papa Clemente VII, han demostrado con certeza la identidad de la Santa Casa de Loreto, con la que existía tres años antes en Dalmacia y siglos antes en Nazaret. La piadosa adhesión de los Soberanos Pontífices ha colmado de favores la peregrinación a este santuario y los millares de milagros que en el se han obrado justifican, ciertamente, la piedad de los fieles.

En el siglo XIV, como ya anteriormente hiciera santa Elena en Nazaret, los habitantes de Recaneti levantaron la gran basílica que encierra la Santa Casa.

Los humildes muros de la Santa Casa también han sido revestidos interior y exteriormente con esculturas y magnífico decorado en mármol blanco, por orden del Papa Clemente VII. Para verificar el plan del Pontífice, era necesario tapiar la puerta primitiva y abrir otras dos; nadie osaba dar el primer martillazo en la santa pared; el mismo arquitecto Nerucci hubo de verificarlo, pero al primer golpe cayó medio muerto. Se acudió al Papa quien reiteró lo ordenado. Entonces un clérigo, después de haberse preparado con fervientes oraciones y riguroso ayuno, se ofreció, pidió perdón a María por su temeridad y le solicitó humildemente licencia para ejecutar la orden dada por el Vicario de su Divino Hijo. Así alentado, tomó el martillo, besó la pared y empezó la obra sin accidente alguno.

Entre los peregrinos de Loreto, los de más digno interés, eran sin duda, los de Dalmacia. Anualmente gran número de ellos atravesaban el Adriático para ir a venerar el precioso Santuario que habían perdido y llevar a María sus oraciones y lágrimas.

Riera cuenta que en 1559 vio llegar un día, más de trescientos con sus mujeres e hijos. Entrando en la basílica, ordenados en dos filas, de rodillas, y con cirios en las manos, clamaban llorando: ¡Vuelve, vuelve a Fiumé!, ¡Vuelve, oh María; María vuelve!

Su duelo no había quedado, sin embargo, sin consuelo, pues el siglo precedente, un Frangipani había hecho construir en Raunitza y en el lugar de la primera traslación, una hermosa iglesia semejante a la de Loreto, y a la que los Soberanos Pontífices enriquecieron con numerosas indulgencias. Trombelli declara incluso que el papa Urbano V les había cedido en 1367 una imagen de la Virgen encontrada en la Santa Casa, atribuida a San Lucas.

En Loreto y en 1483 se rezaron por primera vez las Letanías de la Santísima Virgen, tan popularmente conocidas con el nombre de Letanías Lauretanas.

LA CIUDAD DE LORETO – EJEMPLARES ACONTECIMIENTOS

No tardó en formarse alrededor de este célebre santuario una ciudad que cuenta hoy con unos diez mil habitantes. El papa Sixto V la erigió en obispado el año 1585.

En 1691, Inocencio XII instituyó un oficio y misa propios para la fiesta de la Traslación, fijada en el 10 de diciembre.

Numerosos capellanes y confesores de diversas lenguas están agregados al servicio de la célebre basílica.

Gran número de papas, reyes y grandes de la tierra han hecho a este santuario muchos y valiosos donativos. Trece papas han peregrinado a Loreto, entre otros Pío IX, que le profesaba particular devoción.

Innumerables han sido los favores obtenidos, en todos los tiempos, en Loreto.

San Francisco de Sales, cuando hubo terminado los estudios de Derecho y Teología, en Padua, visitó Roma y después Loreto y apenas se hubo arrodillado, en aquel maravilloso santuario, -dice uno de sus biógrafos- cuando se sintió inflamado de caridad extraordinaria como si hubiera entrado en un horno ardiente. Al considerar que allí había vivido el Hijo de Dios encarnado, con María y José, y que estas tres sagradas Personas habían pasado allí una vida intensa de oraciones y trabajo, besó con gran fervor aquel santo suelo y las paredes, y las regó con lágrimas de piedad. Después de haber confesado y comulgado se consagró nuevamente al Verbo encarnado y a la Santísima Virgen, renovando su voto de castidad. En premio a tanto fervor, Dios le concedió gracias extraordinarias: quedó arrebatado en éxtasis y mientras pronunciaba palabras de amor, salían de su corazón como dardos de fuego; su rostro enrojecióse extraordinariamente y apareció radiante como un astro a los numerosos testigos que se encontraban en la iglesia.

Durante su larga permanencia en Roma, el santo peregrino Benito José Labre, iba todos los años a pie en peregrinación a Loreto. Allí pasaba el día entero en oración a los pies del Sagrario y al llegar la noche y cerrarse la iglesia, iba a continuar su oración y a tomar un poco de descanso bajo pórticos.

En 1797, las tropas de la Revolución francesa saquearon la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, enriquecida por la piedad de cinco siglos. Tan solo una parte de los objetos preciosos se pudo poner a resguardo. La estatua de maría fue llevada prisionera a París y relegada al museo de medallas, como momia egipcia. Napoleón la devolvió al Papa en 1801, siendo repuesta en su santuario, en el que arden sin cesar unas sesenta lámparas.

En 1894 se celebraron solemnes fiestas para conmemorar el sexto centenario de la maravillosa traslación.

El papa Benedicto XV proclamó a la santísima Virgen de Loreto patrona de la aviación en 1920. Por el mismo apostólico documento publicó las preces litúrgicas para la bendición de aparatos voladores.”  

ÚLTIMAS INVESTIGACIONES SOBRE LA SANTA CASA

Hasta aquí lo relatado en el libro “Festividades del año litúrgico”. Hoy, según información de la propia ciudad de Loreto y sobre la base de las excavaciones arqueológicas efectuadas bajo la Santa Casa (años 1262-65), y a estudios filológicos e iconográficos, se avanza en la hipótesis, bien fundada, según la cual las piedras de la Santa Casa habrían sido transportadas a Loreto sobre naves, a través del mar, por los cruzados. En efecto, se han encontrado cinco cruces de tela roja cruzadas, probablemente del siglo XII amuradas entre las piedras de la Santa Casa, cruces que pueden considerarse ex votos de los propios protagonistas del transporte. Antiguas imágenes de la traslación representan las piedras de la Santa Casa o la misma Casa, dentro de una nave piloteada por hombres y escoltada, desde lo alto, dentro de una nube con la Virgen con el Niño.

En algunas piedras se han hallado dibujos que los expertos juzgan similares a aquellos encontrados en Nazaret y en los Santuarios de Tierra Santa. Se han encontrado también los restos de un huevo de avestruz amurado entre las piedras de la Santa Casa. Este hallazgo, ante todo, nos lleva de nuevo a Palestina, donde vive el avestruz y donde según una antigua usanza sus huevos eran llevados a las iglesias. Pero sobre todo es de destacar que los peregrinos del medievo atribuían al huevo de avestruz una sugestiva simbología. Persuadidos que éste, depuesto por la hembra en la arena el desierto, era fecundado por el sol, lo tomaron como símbolo del Verbo de Dios hecho hombre, en el seno de María, fecundada por el sol del Espíritu Santo. Por esta simbología, tal hallazgo un significado especial: figura el misterio de la encarnación cumplido en la Santa Casa.

La Santa Casa, en su núcleo original, estaba constituida por sólo tres paredes, porque la puerta oriental –donde se levanta el altar- desde el origen ha sufrido profundas transformaciones. Las tres paredes originarias se levantaron cerca de tres metros de la tierra. El material sobrepuesto constituido por ladrillo del lugar ha sido añadido a continuación, incluida la bóveda (1536), para lograr un ambiente más apto al culto. El revestimiento de mármol, que sustituye al primitivo muro de ladrillo, llamado de los recanatenses (principios del siglo XIII), fue hecho por voluntad de Julio II y su realización sobre diseño de Bramante, estuvo a cargo de renombrados artistas del renacimiento italiano.

Del 10 de Diciembre de 1994 al 10 de Diciembre de 1995 se celebró, con gran solemnidad el VII Centenario de la Traslación  de la Santa Casa de Nazaret a Loreto  (10 de Diciembre de 1294) según narra la antigua tradición lauretana.

Juan Pablo II el 15 de Agosto de 1993 indicó a Mons. Pascuale Macchi, arzobispo de Loreto, la realización de un largo programa conmemorativo fundamentando, la celebración, en el hecho de ser la Santa Casa el primer Santuario del mundo dedicado a la Virgen y lugar de sublime veneración al misterio de la Encarnación y a las virtudes de la familia cristina.

 

 

Establecida canónicamente en la Parroquia del Apóstol S. Pedro, sita. en la c/ Antona de Dios, nº 2 de Jerez de la Fra., Cádiz. Fecha de creación: 12/6/97.