ALTAR MAYOR

Inmaculada
Crucifijo
San José
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Resolución 1024 x 768

 

La Inmaculada Concepción de San Pedro

 

En el retablo mayor de la jerezana Parroquia de San Pedro, ubicada en una de sus calles laterales, se encuentra una imagen de la Virgen Inmaculada, que por su estética y factura nos resulta sumamente interesante.


Dicha imagen mide 0,63 m. de altura sin contar la peana y la esfera en la que se asienta; 0,30 m. de anchura en la zona más voluminosa y un fondo de 0,25m.

En la esfera de la peana, y, situada en la parte posterior se encuentra una cartela de latón con la siguiente inscripción: rodeándola - DE LA PURA I LIMPIA CONCECCION + DE NUESTRA SSª; centro - AÑO DE 1618 JVº MARTINES MONTAÑES F. B. EL VEINTI4. FRANCISCO GOMEZ TORES.


Esta cartela es un elemento poco frecuente en las obras de escultura, cuyos testigos de autoría suelen colocarse en el interior de las mismas. La esfera se apoya sobre una peana tronco-piramidal decorada con motivos de rocalla, por lo tanto posterior a la citada fecha que aparece en la cartela. La composición de la imagen de la Virgen es muy clásica, de mesurado contraposto, que provoca en la disposición del plegado de la indumentaria un desarrollo que va desde la disposición minuciosa y detallista hasta una vistosa ampulosidad en la zona intermedia, gracias al recurso de recoger el manto en uno de sus brazos, envolviendo así toda la figura.

 

El rostro es de niña, redondeado, con bella silueta craneal, enmarcado por un peinado que se divide en dos bandas, que caen en mechas ondulantes a ambos lados de la cara, descansando en el pecho y llegando hasta la cintura; por detrás, el pelo cae también en mechas ondulantes. Los ojos son redondeados, de cristal, con cejas finas. La nariz es rectilínea; un tipo de rostro que guarda fieles concomitancias con las obras montañesinas y también con las obras de la etapa sevillana de Alonso Cano.

 

Las manos se presentan unidas, en actitud de oración, desplazadas levemente hacia la izquierda, liberando así el centro de la imagen, para que colocada en un
sitio elevado, los fieles puedan contemplar su rostro.


Sus pies se asientan sobre una base de nubes, de donde emergen los extremos de la media luna, dispuestos hacia abajo, como también podemos ver en la Inmaculada existente en la Sacristía de la Catedral de Granada, obra de Alonso Cano (1655-56); de entre las nubes emergen tres querubines de caritas redondeadas y peinados muy dinámicos de bucles voluminosos; también está representada la serpiente llevando entre sus fauces la manzana, símbolo del pecado original, tal como recomendaba iconográficamente Francisco de Pacheco, para justificar a María como Corredentora y como Luz del Sol.

 

El plegado de la indumentaria es rico y variado, cae desde la parte superior hasta la base, acumulando en la misma numerosos pliegues; muy característicos son los que se forman a la altura de los brazos, así como la disposición del manto cubriendo uno de sus hombros, descubriendo la espalda y recogiéndose bajo el brazo, pasando por delante al otro brazo, que hacen provocar pliegues en diagonal de gran ampulosidad a la altura de las caderas y que casualmente se repiten idénticos en la citada imagen de la Catedral granadina, así como el escote de la túnica, redondo y bajo que nos muestra el arranque del cuello. Muy minucioso es el plegado de la túnica en el lateral de la cintura, ceñida por un cíngulo, del que arrancan pequeños tabloncillos, similares a los que aparecen en el escote de la túnica de la Inmaculada de la Capilla de San Juan Bautista del Trascoro, obra de Martínez Montañés, de la Catedral de Sevilla.


Un apartado muy importante es el que presenta las labores del estofado de la misma, de rica policromía, en el que predomina el dorado del fondo, destacándose roleos y motivos florales en tonos azules, rojos y verdosos. En el manto destaca el intenso color rojo del envés, mientras que en la cara externa está decorada por numerosas flores azules que destacan del fondo dorado, así como la orla del mismo, constituida por flores azules y rojas y elementos vegetales de color verde. Toda esta decoración no es lisa, sino que sobresale con un suave relieve, elemento coincidente con los estofados utilizados por Martínez Montañés y por Alonso Cano en su etapa sevillana.

 

Por todo lo expuesto en este análisis comparativo y por la fecha que aparece en la cartel a de la peana, podríamos afirmar que se trata de una obra del taller del genial escultor barroco, puesto que su estética elegante y clásica están acordes con los cánones del citado Martínez Montañés.


Posiblemente, y, esto lo apunto con todas las reservas, esta obra sea, tanto por su estilo, como por el tipo de cabeza, la disposición del peinado, la morfología del rostro, la colocación de las manos, la composición del plegado tanto del manto como de la túnica, la ubicación de los querubines en el cúmulo de nubes de su base, una obra de la época en la que Alonso Cano fue aprendiz de Montañés en su taller sevillano.

 

Su interpretación es una consecuencia de la influencia que el maestro ejercía sobre el discípulo, de ahí la similitud que guarda con las obras de Alonso Cano, como la escultura pétrea de la fachada de la Inmaculada Concepción de Sevilla, fechada entre 1615 - 1620 Y con la existente en la también sevillana Parroquia de San Andrés, fechada entre 1620 - 1625; así mismo, la disposición del plegado del manto puede relacionarse con el de la Virgen de la Oliva de Lebrija (Sevilla), obra fechada en 1629.

 

Igualmente en esta imagen que estudiamos, su morfología compositiva se anticipa, al que entre 1655 - 1656, Alonso Cano llevará a término en la imagen de la Inmaculada de la Sacristía de la Catedral de Granada, y que se convertirá en uno de sus mayores éxitos escultóricos. Coincide en el pequeño tamaño: 0,63 m. la de Jerez; 0,55 m. la de Granada; coincidiendo también en el modelo iconográfico: elegante, serena, plena de contenido teológico mariano. Igualmente coincide en los ritmos cerrados y en las proporciones esbeltas, junto a la disposición en diagonal de los pliegues del manto y la leve torsión hacia la izquierda de las manos.


Por todo lo expuesto, podemos afirmar, con todas las reservas posibles, ya que no disponemos de la necesaria apoyatura documental, que con toda probabilidad se trate de una obra de Alonso Cano, realizada antes de su marcha a Madrid en 1634 y en la que se anticipa claramente al modelo granadino; o bien, podríamos aseverar, incluso, que se trate de una obra de Montañés, si nos fiamos de la cartela, influenciado el maestro por la idealización y suavidad de formas de su joven discípulo Alonso Cano.

Manuel Moreno Puppo
(Universidad de Cádiz)

SAN MIGUEL Y SAN PEDRO


En relación con esta deliciosa imagen, magistralmente estudiada por el profesor Moreno Puppo, nos apunta además nuestro colega del CEHJ y colaborador habitual de esta página, Jesús Caballero Ragel, lo siguiente. Puede que la Inmaculada viniese desde San Miguel y no del desamortizado convento de la Veracruz. De hecho, San Pedro se crea por iniciativa de la parroquia de San Miguel y el celo del párroco de San Miguel, D. Ramón Álvarez de Palma. San Pedro nace como "parroquia auxiliar de San Miguel" en 1757. Es muy probable que desde la propia San Miguel se nutriera de los ornamentos de culto precisos. La imagen, por tanto, pudo venir directamente de San Miguel, cosa que habría que comprobar en el libro de fábrica de San Miguel de 1757 o en el libro de fundación de San Pedro. Si se comprobase que la Inmaculada llegó desde San Miguel, esto nos acercaría bastante a Montañés. En ese caso, la donación del concejal sería en 1618 a San Miguel, y debe estar reflejada en el libro de fábricas de San Miguel de ese año.

Trazado queda el camino por el profesor Caballero Ragel. Y nuestra página está a disposición de cualquier investigador solícito.


Francisco Antonio García Romero

Eugenio José Vega Geán

 

 

 

 

 

Establecida canónicamente en la Parroquia del Apóstol S. Pedro, sita. en la c/ Antona de Dios, nº 2 de Jerez de la Fra., Cádiz. Fecha de creación: 12/6/97.